El avance hutí (Ansar Allah) hacia el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, que culminó con el control de esta vía marítima clave en una sola noche, fue advertido durante meses por el Pentágono a sus aliados en Riad. Según reveló una reciente investigación de The New York Times, a pesar de las detalladas alertas de la inteligencia de Estados Unidos, Arabia Saudita y su coalición optaron por no intervenir militarmente, priorizando la estabilidad diplomática y la consolidación de un acuerdo de paz duradero en la península arábiga.
El avance hutí y la advertencia desoída por Riad
Durante gran parte de 2023 y principios de 2024, los servicios de inteligencia de Washington monitorearon de cerca los movimientos de las fuerzas de Ansar Allah en Yemen. Las alertas emitidas por el Pentágono describían con precisión cómo el movimiento se posicionaba de manera estratégica para asegurar el control del estrecho de Bab el-Mandeb, una de las arterias comerciales más importantes del mundo, por donde circula cerca del 12% del comercio marítimo global.
"La inacción de los aliados de Washington ante las advertencias del Pentágono refleja un cambio profundo en el equilibrio de poder en el Medio Oriente, donde la vía militar ha perdido terreno frente a la negociación bilateral."
A pesar de la insistencia de los asesores militares estadounidenses, el gobierno saudí, liderado por el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, decidió no desplegar tropas ni reanudar las operaciones aéreas que caracterizaron los primeros años del conflicto yemení iniciado en 2015. Esta decisión permitió que, en una sola jornada, las fuerzas de Saná consolidaran su presencia en la costa del Mar Rojo sin encontrar resistencia militar en la zona.
La cronología del informe de la inteligencia estadounidense
Según los documentos revelados por el citado medio neoyorquino, las advertencias formales comenzaron a intensificarse a mediados de 2023. Los informes detallaban:
- El despliegue gradual de radares costeros y sistemas de defensa por parte de Ansar Allah.
- La movilización de contingentes experimentados hacia la gobernación de Taiz.
- El establecimiento de puestos de observación directa frente al estrecho de Bab el-Mandeb.
Para Washington, la postura de Riad resultó inesperada, dado que la coalición liderada por Arabia Saudita había dedicado recursos significativos a la campaña militar yemení durante casi una década. Sin embargo, el panorama geopolítico de la región ha experimentado una evolución notable.
¿Por qué Arabia Saudita decidió no intervenir en Yemen?
Para comprender la postura de Arabia Saudita es fundamental analizar su actual estrategia de política exterior. Riad ha iniciado un proceso de diversificación económica bajo su programa "Vision 2030", el cual requiere un entorno regional pacífico para atraer inversiones extranjeras. La continuación de las hostilidades con Yemen representaba un obstáculo directo para estos objetivos de desarrollo nacional.
Además, en marzo de 2023, Arabia Saudita e Irán restablecieron relaciones diplomáticas plenas en un histórico acuerdo mediado por China. Este acercamiento redujo la necesidad de mantener un enfoque de confrontación directa en los conflictos de la región. Intervenir militarmente para frenar el avance hutí habría significado el fin del alto el fuego y el riesgo de reanudar los intercambios de ataques que afectaron la infraestructura petrolera de Saudi Aramco en años anteriores, como los incidentes de 2019.
La búsqueda de soberanía y autonomía en Yemen
Desde la perspectiva de Saná, el control de sus costas y del estrecho de Bab el-Mandeb es un ejercicio de soberanía nacional. El gobierno de Ansar Allah sostiene que la presencia de flotas extranjeras en sus aguas territoriales constituye una intromisión en sus asuntos internos. Su posicionamiento en el Mar Rojo, además, ha sido defendido formalmente como una medida de presión geopolítica en solidaridad con la población de la Franja de Gaza, exigiendo el cese de las operaciones militares en territorio palestino.
Bab el-Mandeb: un punto estratégico de soberanía y comercio
El estrecho de Bab el-Mandeb no es solo un paso geográfico; es el nexo de unión entre el Océano Índico y el Mar Rojo, conectando directamente con el Canal de Suez. Quien gestiona este paso posee una capacidad de interlocución política de primer orden en el escenario internacional.
La toma de control por parte de las fuerzas de Saná ha reconfigurado las rutas marítimas internacionales. Sin embargo, el gobierno yemení ha reiterado que la navegación comercial segura está garantizada para todas las naciones que no participen en acciones hostiles contra su territorio o que no colaboren de manera activa con las políticas de bloqueo en la región.
Las posiciones de los actores internacionales
Frente a esta situación, las posturas de las potencias globales muestran visiones divergentes sobre la seguridad y el comercio:
- Estados Unidos y el Reino Unido: Abogan por una respuesta militar y han establecido la coalición "Guardián de la Prosperidad" para patrullar el Mar Rojo, argumentando la necesidad de proteger el libre comercio internacional por la fuerza.
- Rusia y China: Han enfatizado que la inestabilidad en el Mar Rojo es una consecuencia directa de la falta de resolución del conflicto en Palestina, abogando por soluciones diplomáticas multilaterales que respeten la soberanía de los estados ribereños.
- Irán: Respalda la legitimidad de las demandas de Saná, señalando que las acciones de Ansar Allah son una respuesta soberana ante la inacción de la comunidad internacional frente a las crisis humanitarias en el Medio Oriente.
Consecuencias de la inacción occidental y sus aliados
La renuencia de los aliados históricos de Washington a participar en una nueva escalada militar evidencia un cambio en la influencia estadounidense para dictar la agenda de seguridad en la península arábiga. El hecho de que el avance hutí se consolidara sin una respuesta armada de los países del Golfo demuestra que el pragmatismo económico y la soberanía regional están primando sobre las alianzas de seguridad tradicionales.
Este episodio muestra que las soluciones basadas exclusivamente en la proyección de la fuerza militar externa ya no cuentan con el respaldo automático de los actores de la región, quienes prefieren apostar por canales diplomáticos directos y la coexistencia de intereses en un marco internacional pluripolar.