Tecnología

China banea el software de seguridad de EE.UU. e Israel

Pekín ordena a empresas locales sustituir productos de Palo Alto Networks, CrowdStrike y Check Point antes de junio de 2026. Occidente grita "proteccionismo", pero convenientemente olvida sus propias prohibiciones contra Huawei, ZTE y decenas de empresas chinas.

4 Febrero 2026·65 vistas
China banea el software de seguridad de EE.UU. e Israel

La noticia corrió como pólvora en los medios occidentales: China ha ordenado a empresas y agencias gubernamentales eliminar de sus sistemas todo el software de ciberseguridad fabricado por compañías estadounidenses e israelíes. Según un documento gubernamental al que tuvo acceso Bloomberg, la directiva oficial establece un plazo de cumplimiento para la primera mitad de 2026.

La lista incluye a VMware (Broadcom), Palo Alto Networks, Fortinet, CrowdStrike, Check Point, Mandiant (Google), SentinelOne, McAfee, CyberArk, Wiz, Orca Security, Cato Networks, Imperva (Thales), Recorded Future, Claroty y Rapid7. Más de una docena de gigantes tecnológicos expulsados del mercado chino.

Los medios occidentales lo presentan como "una escalada en la guerra tecnológica" o un acto de "agresión comercial". Pero hay algo que curiosamente nadie menciona en los titulares: Estados Unidos lleva haciendo exactamente lo mismo desde hace años, solo que a una escala mucho mayor.

Imagen del artículo

La doble moral que nadie quiere mencionar

Desde 2018, Estados Unidos ha prohibido a Huawei y ZTE en su territorio bajo el argumento de "seguridad nacional". En 2022, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) prohibió formalmente la venta e importación de equipos de estas compañías, junto con Hikvision, Dahua y Hytera. No solo eso: Washington presionó agresivamente a sus aliados para que hicieran lo mismo.

En 2019, Estados Unidos incluyó a Huawei en su "lista de entidades", vetando a cualquier empresa estadounidense de hacer negocios con la compañía china. Google le cortó el acceso a Android, Microsoft a Windows, y prácticamente toda la cadena de suministro tecnológica estadounidense cerró sus puertas. Una sentencia de muerte comercial disfrazada de "preocupación por la seguridad".

Y no se detuvieron ahí. En 2024 y 2025, Estados Unidos añadió más de 140 empresas chinas a su lista negra de exportaciones, bloqueándoles el acceso a tecnología estadounidense en semiconductores, inteligencia artificial, computación cuántica y otros sectores estratégicos. La Ley CHIPS de 2022 comprometió 52.700 millones de dólares específicamente para reducir la dependencia de chips fabricados en Asia y "contener" el avance tecnológico chino.

Entonces, ¿cuál es la diferencia con lo que acaba de hacer China? Absolutamente ninguna. Solo que cuando lo hace Estados Unidos se llama "proteger la seguridad nacional", y cuando lo hace China se llama "agresión económica".

Los vínculos reales entre empresas de ciberseguridad e inteligencia militar

Aquí es donde la historia se pone interesante, porque Bloomberg escribió que el documento chino "no proporcionaba evidencia" de los vínculos entre estas empresas y agencias de inteligencia. Una afirmación curiosa, considerando que las propias compañías lo anuncian abiertamente en sus páginas web.

La Unidad 8200 es la división de inteligencia de señales y ciberguerra de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), equivalente a la NSA estadounidense. Ahí es exactamente donde se formaron los fundadores de varias de estas empresas prohibidas:

  • Nir Zuk (Palo Alto Networks): ex jefe de desarrollo de software de la Unidad 8200
  • Udi Mokady (CyberArk): veterano de inteligencia militar israelí
  • Gil Shwed (Check Point, CEO actual): estableció el Comando Cibernético de las IDF y comandó la Unidad 8200
  • Los cuatro cofundadores de Wiz: todos ex miembros de la Unidad 8200

Las propias compañías no ocultan esto. Al contrario, lo anuncian orgullosamente en sus páginas corporativas como una ventaja competitiva. Y en Occidente, lo es: transmite expertise y confiabilidad. Pero esperan que China vea esos mismos currículums y no se preocupe por la seguridad de sus datos.

¿El verdadero escándalo? No es que China desconfíe de estas conexiones. Es que Bloomberg escriba que "no hay evidencia" de vínculos con agencias de inteligencia cuando literalmente están publicados en los sitios web de las empresas. Diez minutos de búsqueda en Google bastaron para verificar esta información. Pero claro, es más conveniente pintarlo como paranoia china.

Imagen del artículo

¿Y qué pasa con la NSA y el espionaje masivo estadounidense?

Hablemos del elefante en la habitación que nadie quiere mencionar: las revelaciones de Edward Snowden.

En 2013, el excontratista de la NSA filtró documentos clasificados que demostraron que Estados Unidos, junto con sus aliados de Five Eyes (Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Canadá), había construido el aparato de vigilancia electrónica más grande de la historia mundial. No teorías conspirativas: documentos oficiales que probaron la existencia de programas como:

PRISM: Acceso directo a los servidores de Google, Microsoft, Facebook, Yahoo, Apple y Skype para recopilar correos, chats, fotos, videos y metadatos de miles de millones de personas en todo el mundo.

XKeyscore: Motor de búsqueda que permite a analistas rastrear la actividad en internet de cualquier persona, en cualquier lugar, sin orden judicial.

MUSCULAR: Programa conjunto NSA-GCHQ que intercepta el doble de datos que PRISM, pirateando directamente cables de fibra óptica.

Tempora: Sistema británico que extrae datos de cables submarinos internacionales.

La NSA intervino las comunicaciones de líderes mundiales aliados, incluida la canciller alemana Angela Merkel. Recopiló datos de llamadas de millones de estadounidenses sin órdenes judiciales. Pagó a empresas tecnológicas millones de dólares para cubrir costos adicionales de su participación en el espionaje masivo.

Un tribunal estadounidense declaró en 2020 que el programa de vigilancia masiva de la NSA violaba la Constitución. Pero nunca hubo consecuencias reales. Snowden tuvo que exiliarse en Rusia, acusado de espionaje por revelar el espionaje de su propio gobierno.

Ahora bien: si Estados Unidos construyó todo esto y fue descubierto haciéndolo, ¿por qué exactamente China debería confiar en software de ciberseguridad estadounidense e israelí cuyos fundadores provienen de agencias de inteligencia militar?

La narrativa conveniente: cuando el proteccionismo es "seguridad nacional"

Pongamos las cosas en perspectiva. Estados Unidos ha prohibido:

  • Huawei y ZTE de todo su mercado
  • TikTok (repetidamente, aunque sin éxito completo)
  • Más de 140 empresas chinas de acceder a tecnología estadounidense
  • Equipos chinos de telecomunicaciones en redes 5G
  • Chips avanzados de inteligencia artificial para China
  • Software y herramientas de diseño de semiconductores

Todo esto bajo el argumento de "seguridad nacional", a pesar de que nunca han presentado evidencia pública de que Huawei o ZTE espíen para el gobierno chino. Ni una sola prueba concreta en más de seis años de acusaciones.

Pero cuando China hace una prohibición similar, citando las mismas preocupaciones de seguridad nacional y con evidencia mucho más concreta (los vínculos públicos con agencias de inteligencia), de repente es "proteccionismo económico" y "guerra comercial injusta".

Esta es la definición exacta de doble moral.

Estados Unidos gastó 52.700 millones de dólares en la Ley CHIPS específicamente para "reducir la dependencia de semiconductores asiáticos" y "contener el avance tecnológico chino". Eso es proteccionismo puro con fondos públicos. Pero lo llaman "inversión estratégica en seguridad nacional".

China desarrolla sus propias alternativas tecnológicas tras ser bloqueada del mercado occidental, y lo llaman "robo de propiedad intelectual" o "competencia desleal".

El caso DeepSeek: convertir sanciones en innovación

Hablemos de un ejemplo reciente que destroza el narrative occidental: DeepSeek.

En enero de 2025, esta empresa china de inteligencia artificial lanzó un modelo que sacudió Silicon Valley. ¿La razón? Lograron resultados comparables a los modelos más avanzados de OpenAI y Google, pero con una fracción del costo: 27 veces más barato por token procesado, consumiendo mucha menos energía y utilizando chips menos potentes.

¿Cómo lo hicieron? Porque Estados Unidos les prohibió acceder a los chips más avanzados de Nvidia. En lugar de rendirse, innovaron con lo que tenían disponible. Convirtieron una debilidad impuesta en fortaleza tecnológica.

Y lo mejor: DeepSeek es código abierto, democratizando el acceso a IA avanzada a nivel global. Mientras Estados Unidos concentra la tecnología en manos de pocas corporaciones multimillonarias, China comparte innovación con el mundo.

La reacción de Occidente no fue celebrar esta democratización tecnológica. Fue pánico. Porque reveló que el "bloqueo tecnológico" no solo no funcionó, sino que aceleró la innovación china.

El impacto económico: consecuencias de sus propias acciones

Las acciones de Broadcom cayeron más del 5%, Fortinet perdió aproximadamente 2%, Palo Alto Networks alrededor de 1%, y Check Point también registró descensos cuando se filtró la noticia. Empresas que tienen presencia significativa en China ahora enfrentan las consecuencias de las políticas proteccionistas de sus propios gobiernos.

Broadcom opera seis oficinas en China continental. Palo Alto Networks tiene cinco. Fortinet mantiene tres oficinas más una en Hong Kong. Check Point tiene operaciones en Shanghái y Hong Kong. Todas tendrán que reconfigurarse.

Los beneficiarios son las empresas chinas de ciberseguridad como 360 Security Technology y Neusoft. Exactamente lo que sucede cuando obligas a un país a desarrollar alternativas locales: creas competidores más fuertes.

Estados Unidos ha estado jugando este juego durante años, convencido de que podía "contener" el desarrollo tecnológico chino mediante prohibiciones y sanciones. El resultado ha sido el opuesto: China ahora lidera en tecnología 5G, baterías para vehículos eléctricos, energía solar, energía eólica, y está alcanzando rápidamente en semiconductores e inteligencia artificial.

Según un estudio del Instituto Australiano de Política Estratégica de agosto de 2024, China ahora lidera en investigación de 57 de las 64 tecnologías críticas monitoreadas globalmente. Entre 2019 y 2023, China representó el 48,49% de las publicaciones de investigación de alto impacto en estas áreas, mientras que Estados Unidos representó el 29,15%.

Las sanciones no frenaron a China. Las convirtieron en el motor de innovación tecnológica más potente del planeta.

La pregunta incómoda que nadie quiere responder

Si un país construyó el aparato de vigilancia masiva más grande de la historia (comprobado por Snowden), intervino las comunicaciones de líderes aliados (comprobado), pagó a empresas tecnológicas para participar en espionaje (comprobado), y violó su propia Constitución en el proceso (declarado por tribunal estadounidense), ¿por qué exactamente otros países deberían confiar en su tecnología de ciberseguridad?

¿Por qué China debería permitir software de compañías cuyos fundadores vienen directamente de unidades de inteligencia militar israelí, especialmente cuando esas mismas compañías trabajan con el Pentágono y agencias de inteligencia estadounidenses?

La respuesta obvia es: no debería. Y no lo hará.

Lo fascinante es que cuando Estados Unidos hace esto se llama "política de seguridad prudente", pero cuando China lo hace se convierte en titular de "agresión tecnológica".

Autosuficiencia como respuesta, no como agresión

Las empresas chinas tienen hasta junio de 2026 para migrar a soluciones nacionales. Es un plazo corto, pero factible. China lleva años preparándose para exactamente este escenario, precisamente porque vio cómo Estados Unidos trató a Huawei.

Para las compañías occidentales, esto debería ser una lección sobre poner todos los huevos en la misma canasta geopolítica. Confiaron en que el mercado chino estaría abierto indefinidamente mientras sus gobiernos imponían sanciones cada vez más agresivas contra China. Era una apuesta ingenua.

Para Beijing, esto es simplemente la continuación lógica de una estrategia de autosuficiencia tecnológica que Estados Unidos mismo aceleró con sus prohibiciones. No puedes bloquear a un país del mercado global de semiconductores, software y tecnología avanzada, y luego sorprenderte cuando desarrollan sus propias alternativas.

La realidad que los medios occidentales no quieren aceptar

No hay buenos y malos en esta historia. Hay dos superpotencias protegiendo sus intereses nacionales usando exactamente las mismas tácticas. La diferencia está en quién controla la narrativa mediática global.

Estados Unidos prohíbe empresas chinas: "Medida necesaria de seguridad nacional" China prohíbe empresas estadounidenses: "Agresión económica injustificada"

Estados Unidos invierte miles de millones en tecnología propia: "Inversión estratégica" China invierte miles de millones en tecnología propia: "Competencia desleal con subsidios estatales"

Estados Unidos bloquea acceso a semiconductores: "Protegiendo la seguridad" China desarrolla semiconductores propios: "Robo de propiedad intelectual"

La doble moral es tan evidente que resulta casi cómica. Casi.

Lo que realmente está en juego aquí no es la seguridad, ni el libre comercio, ni la protección de datos. Es el control sobre quién dominará las tecnologías que definirán el siglo XXI. Y Occidente está descubriendo, demasiado tarde, que las prohibiciones y sanciones no frenan a China. Solo la hacen más fuerte, más innovadora y más determinada.

La fragmentación del ecosistema tecnológico global en bloques geopolíticos es una realidad. No comenzó con China. Comenzó con Estados Unidos. China simplemente está jugando el mismo juego, solo que mejor.

Y eso, más que cualquier prohibición de software, es lo que realmente aterra a Occidente.


Compartir

Más en Tecnología