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Ley de incendios: por qué el abandono rural aviva el fuego

La Xunta de Galicia justifica la nueva ley de incendios señalando al abandono rural y al cambio climático como detonantes de fuegos más violentos.

27 Septiembre 2026·9 vistas

La nueva ley de incendios de Galicia nace como una respuesta directa a una alarmante realidad estructural: la Xunta de Galicia sitúa la despoblación y el consecuente abandono rural como la principal causa de la acumulación masiva de combustible forestal, un fenómeno que, sumado al cambio climático como gran catalizador de la virulencia, crea el escenario propicio para fuegos ingobernables. Esta combinación de falta de gestión en el territorio y condiciones meteorológicas extremas ha redefinido el comportamiento del fuego, obligando a un cambio radical en la legislación de prevención y defensa contra incendios forestales.

¿Por qué la ley de incendios de Galicia señala al abandono rural?

El núcleo de la nueva propuesta legislativa de la administración gallega radica en un cambio de paradigma: el problema ya no es solo apagar los fuegos, sino evitar que encuentren el alimento necesario para propagarse sin control. Según los informes técnicos que sustentan la reforma de la ley de incendios, la pérdida paulatina de la actividad agrícola, ganadera y forestal tradicional ha dejado miles de hectáreas en un estado de abandono absoluto. Sin vacas que pasten ni agricultores que cultiven, el sotobosque crece de forma ininterrumpida.

Este proceso genera lo que los ingenieros forestales denominan "continuidad vertical y horizontal del combustible". En términos sencillos, significa que la maleza seca actúa como una mecha continua que conecta el suelo con las copas de los árboles, permitiendo que un conato de incendio se convierta en un fuego de copa extremadamente rápido y destructivo. La Xunta de Galicia enfatiza que el "exceso de combustible existente" debido a la despoblación es el factor clave detrás de la voracidad de los últimos grandes incendios forestales (GIF).

"La mejor herramienta contra el fuego no es la manguera que apaga, sino la guadaña y el ganado que previenen. Sin un medio rural habitado y económicamente viable, proteger el monte es una misión imposible frente a la crisis climática."

El cambio climático como el catalizador de incendios forestales extremos

Si bien el abandono rural acumula la pólvora, el cambio climático es la chispa y el viento que la propagan con una violencia inusitada. La Xunta ya no define las alteraciones del clima como la causa directa de la ignición, sino como el "catalizador" que multiplica la velocidad, la temperatura y la capacidad de propagación de las llamas. Las olas de calor prolongadas, las sequías estacionales severas y las bajas tasas de humedad relativa crean lo que los expertos llaman la regla del 30-30-30 (más de 30 grados de temperatura, vientos superiores a 30 km/h y menos del 30% de humedad ambiental).

Bajo estas condiciones extremas, los incendios tradicionales se transforman en incendios de sexta generación. Estos fuegos liberan tanta energía que son capaces de modificar las condiciones meteorológicas a su alrededor, creando tormentas de fuego y pirocúmulos imposibles de combatir con los medios de extinción convencionales. Durante los trágicos episodios de julio de 2022 en zonas como O Courel y Valdeorras, donde se calcinaron más de 35.000 hectáreas, se evidenció que la densidad de la biomasa acumulada por la despoblación interactuó de forma catastrófica con temperaturas récord que rozaron los 42 grados Celsius.

El impacto del abandono rural en el monte gallego en cifras

Para dimensionar el problema que intenta atajar la nueva normativa, es necesario analizar la transformación demográfica e histórica del territorio gallego:

  • Pérdida de explotaciones: En las últimas cuatro décadas, Galicia ha perdido más de la mitad de sus explotaciones ganaderas y agrícolas activas, dejando vastas extensiones de terreno sin pastoreo ni desbroce natural.
  • Propiedad minifundista: Se calcula que el monte gallego está fragmentado en millones de parcelas pertenecientes a unos 670.000 propietarios particulares, muchos de ellos desconocidos o residentes fuera de la comunidad, lo que dificulta enormemente la gestión conjunta del territorio.
  • Biomasa fuera de control: Los expertos estiman que en zonas abandonadas se acumulan anualmente entre 3 y 5 toneladas de materia vegetal seca por hectárea, un polvorín natural listo para arder en la época estival.

Claves de la ley de incendios: prevención y gestión forestal activa

Ante este diagnóstico, la Xunta de Galicia ha diseñado un marco normativo enfocado en la movilización de tierras y la penalización del desinterés por el mantenimiento del territorio. La ley busca revalorizar el monte gallego para que vuelva a ser rentable, entendiendo que un monte que produce riqueza es un monte que se cuida y no se quema. Entre las medidas principales destacan:

  • Franjas de biomasa obligatorias: Se endurecen las exigencias de limpieza en los perímetros de 50 metros alrededor de las viviendas, núcleos de población e infraestructuras sensibles, delegando en los ayuntamientos la ejecución subsidiaria en caso de incumplimiento de los propietarios.
  • Movilización de parcelas abandonadas: Creación de incentivos y figuras de gestión conjunta para agrupar minifundios y poner tierras baldías en manos de agricultores, ganaderos o silvicultores activos a través del Banco de Tierras.
  • Profesionalización del sector: Impulso a la silvicultura preventiva y a la creación de discontinuidades espaciales mediante cortafuegos verdes (zonas plantadas con especies frondosas autóctonas más resistentes al fuego, como robles o castaños).

El debate social: monocultivos de eucalipto frente a la biodiversidad

Aunque el consenso sobre el peligro del abandono rural es amplio, la nueva ley de prevención de incendios no está exenta de debate político y social. Colectivos ecologistas y portavoces de la comunidad científica señalan que culpar exclusivamente a la despoblación oculta el problema del modelo forestal promovido durante décadas. Argumentan que la proliferación descontrolada de especies pirófitas de rápido crecimiento, como el eucalipto y el pino, ha sustituido a los bosques autóctonos biodiversos, los cuales actúan de forma natural como barreras contra el avance de las llamas.

Desde el sector forestal y la propia administración, sin embargo, se defiende que cualquier aprovechamiento forestal ordenado, incluso de coníferas o eucaliptos, es infinitamente mejor para la seguridad del territorio que el abandono total de las parcelas. El verdadero peligro, sostienen, radica en el monte "sin dueño" y sin gestión activa.

Conclusión: Un reto de país que va más allá de la extinción

La nueva ley de incendios impulsada por la Xunta de Galicia demuestra que la batalla contra el fuego ya no se libra en el caluroso mes de agosto con hidroaviones y motobombas, sino en invierno mediante la ordenación del territorio y el apoyo a las comunidades rurales. Mientras el cambio climático continúe elevando los termómetros globales, la única defensa eficaz de la península ibérica frente a los incendios del futuro será recuperar la vida, el pastoreo y la productividad en un medio rural que agoniza por la despoblación.

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